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Desde su llegada a Buenos Aires, en el mes de agosto, Andrew Murray (Sudáfrica), se propuso modificar la producción de su obra al introducir una nueva variable: valerse de su mano no hábil, transmutando así la pincelada.  Como el Colgado del Tarot, Murray,  invierte la perspectiva y hace que las conexiones de su cerebro se deconstruyan. Abandona por completo  los retratos realistas característicos de su trabajo, dando paso a obras de gran formato, cuyo soporte continúa siendo el papel, pero se aleja de su costado analitico, desarrollando un trazo cargado de expresividad y haciendo foco en su propia subjetividad.

Galeria del proceso

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