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Gaspar Nuñez

PROYECTO ARQUITECTÓNICO

El Castillito 

 

Muchas veces  me he preguntado cómo  pueden encallar las ballenas, que tansolemne criatura  degenere su rumbo, incrustándose en lo inhóspito para allí esperar su muerte. No puedo pensar más que, aquel monumental animal, o aseguró su suicidio o  -digamos- era un animal idiota y por ende, era esperable   que muera fácilmente. Me  interesa escarbar en esa situación profana  gestada por la  excelsa criatura que va en contra  de su supremacía misma. Hay ahí una ambigua y sospechosa ingenuidad que me deja intranquilo.

Básicamente, la arquitectura es un aparato de delimitación. Se erige para guarecer, estableciendo brechas y otorgando poder a algunos. Por ello, no puede presentar síntomas de fracaso o debilidad. No  es un proyecto que pueda hacer agua al poco tiempo. De ésta se espera firmeza para su continuidad y permanencia, y así, perpetuar aquel proyecto, aquella conquista de poder. 

 

Sin embargo, podríamos decir que el presente es el tiempo para claudicar, tiempo para desacato y demolición. Momento de puesta en duda y polivalencia. Y, aunque no estemos hablando ya de arquitectura, evidentemente, apuesto a que hay estructuras construidas desde un principio para el naufragio. No serían proyectos que hacen agua, sino algo así como “aguas que hacen proyecto” pero se mantienen en pie,  en un perpetuo destartalamiento. Como un gif o un  video en loop de algún rey echado y herido, pero que jamás llega  a concretarse la muerte. Como una ballena encallada en el limbo. Este naufragio estructurado e institucionalizado se alimenta de una inyección de precariedad que lo infla pero también lo infecta, es un pharmakon. 

 

Y, si la arquitectura persigue la estabilidad, cabe preguntarnos ¿quién es el arquitecto que planifica aquellas estructuras precarias, contingentes?Los castillos inflables son siempre alimentados por una bomba de aire que se acopla a la estructura blanda de lona. Por lo que éstos son sólo sostenidos por aire.  Aquí, el humo es absorbido por la bomba, vertiéndose reiteradamente  en la traslúcida arquitectura infantil, como una imagen en bucle.
 

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